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Wednesday, February 11, 2015

El Safari Cebra se lanza hacia un nuevo inicio.


El equipo recibiendo capacitación sobre niños
y niñas en situación de calle
Las primeras tres semanas han pasado volando, hemos sido lanzados de cabeza a nuestros proyectos y ha sido el periodo más emocionante. Nuestro trabajo con las Cebras ha sido un poco más desarticulado que el de otros equipos,  ya que nuestro socio DCC, ha estado muy ocupado atendiendo numerosas situaciones políticas  de mucha importancia. Sin embargo, hemos encontrado otras organizaciones fantásticas como apoyo; entre ellas, Fundación Arco Iris y Alalay. Con estos socios estaremos trabajando con jóvenes y los niños, dando talleres sobre una variedad de temas.

En las aldeas de Fundación Alalay
Alalay es una organización que trabaja con niños de la calle de 3 a más años de edad, ayudándoles a tener una infancia normal, y desarrollar habilidades para que puedan encontrar un trabajo en el futuro. Hemos estado desarrollando talleres sobre derechos humanos, arte, deporte,  autoestima y  contaminación acústica para implementarlos con jóvenes de 10 a 15 años. Ha sido un reto, sobre todo porque ninguno de nosotros tiene una amplia experiencia trabajando con jóvenes, especialmente con jóvenes de estos contextos complejos. Sin embargo, estamos muy contentos con lo que hemos producido y realmente esperamos que sea agradable e informativo para ellos. Es emocionante trabajar en algo que va a tener receptores directos y beneficiarios. También hemos estado desarrollando talleres para trabajar con los cuatro centros de Arco Iris en La Paz, sin embargo el público varía enormemente de un centro a otro, dos trabajan con jóvenes en situaciones desfavorecidas y sin hogar, uno trabaja con niñas también de entornos desfavorecidos, y el último es un refugio para madres adolescentes. Hemos adaptado a los talleres para cada grupo, y no puedo esperar a ver los resultados.


Huellas de niños y niñas en las Fundación Alalay
Estas semanas han hecho darme cuenta de que el trabajo en desarrollo es mucho más que la construcción de hospitales y la entrega de paquetes de ayuda. Bolivia es un país de enorme disparidad económica, mi familia vive en un apartamento amplio en una zona adinerada de la ciudad capital y tienen la mayoría de los lujos que tenemos en casa, wifi, televisores, calefacción central, sin embargo, no hay servicios sociales equivalentes, y el estado de bajo rendimiento  de los colegios son superados en número por los colegios particulares. Gran parte del trabajo que hacemos no es de vida o muerte, pero está ayudando a las personas que no tienen una red de seguridad la cual caer en  malos tiempos, o reforzar el conocimiento de los derechos humanos menos conocidos; el derecho al descanso y relajación, el derecho a sentirse seguro, el derecho a jugar y socializar. Son estas cuestiones que me parecen que damos por sentado en el mundo desarrollado, incluso más que las necesidades humanas básicas, como alimentos y agua. Aunque será difícil ver el impacto a largo plazo en los niños y jóvenes a los que vamos a dar estos talleres, para nosotros será tan gratificante saber que le hemos dado a estas personas diversión, un uso constructivo de su tiempo, algo que a muchos de ellos les falta, ya que simplemente los recursos en sus centros complementan lo básico. También sé que yo y el resto del equipo está trabajando muy duro para asegurarse de que estos talleres son mucho más que eso, queremos dar a estos jóvenes más confianza en sí mismos, y más confianza en el mundo que les rodea.






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